IN MEMORIAM | EL INMENSO LEGADO DE UN PERIODISTA TOTAL

by Pablo Sapag M.

Madrid, 29 de abril de 2021

David Beriáin era un periodista total. Cuidaba todos y cada uno de los aspectos de las informaciones que hacía. En su caso, al haberse dedicado al reportaje en profundidad de gran extensión en prensa y larga duración en los medios audiovisuales, esos aspectos eran muchos. En primer lugar, trabajaba una mirada periodística para acercarse a la información desde ángulos poco explorados. Ello exige mucho estudio para poder buscar alternativas informativas sólidas y rigurosas. Una vez elegido el enfoque, David dedicaba mucho tiempo a la preproducción de esos reportajes. Ello volvía a exigirle estudiar en profundidad el conflicto o la crisis que quería cubrir, empezando por su contexto histórico. En eso se parecía mucho al británico Robert Fisk. David también procuraba conocer al detalle los aciertos y errores que otros periodistas trabajando en la zona habían tenido, los accesos, las vías de evacuación y otras consideraciones relativas a la seguridad.   

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David Beriain. Fuente: Twitter

     En esa labor de preproducción también dedicaba mucho tiempo a trabajar con las fuentes. A David Beriáin no le bastaba con que cualquiera se pusiera frente a cámara y dijera algo. Se aseguraba de que cada entrevista fuese a aportar información y eso le exigía aproximarse en detalle al entrevistado. Para eso también debía explicar de manera detallada su forma de trabajar para que el entrevistado entendiera en qué contexto periodístico se iban a insertar sus declaraciones. Eso es algo poco frecuente, sobre todo cuando se privilegia la inmediatez y la idea del medio es el mensaje sobre la información, el decir estamos ahí y tenemos a alguien independientemente del aporte informativo real que esa fuente pueda aportar. David siempre huyo del protagonismo personal y el de los medios para los que trabajó. Hacer eso exige una reflexión muy profunda sobre lo que es el periodismo, entre otras cosas para no caer en la omnipresente propaganda presente en esas situaciones. Reflexión a la que solo se llega analizando una y otra vez lo que se hace pero también lo que han hecho otros, conociendo la historia del periodismo de guerra y crisis. Solo así se le puede dar un sello propio a la información. David Beriáin le dio el suyo. Sus trabajos no solo son impecablemente informativos, son originales porque ofrecen una propuesta periodística.

     En la fase de producción David  volvía a dedicar mucho tiempo para que las cosas salieran bien y de acuerdo al guión periodístico que había elaborado. Lo hacía dándolo todo. Cultivó la paciencia como pocos para enfrentar las cancelaciones, cambios de planes de los entrevistados y otros muchos imponderables que a veces lo mantenían días encerrado en una habitación de hotel esperando una llamada. Estuvo también dispuesto a sacrificarse físicamente hasta el límite de la extenuación para lograr esa entrevista que solo se haría en las profundidades de la selva colombiana o en la cima de una montaña en Laos, en el territorio en la que su fuente se sentía segura y dispuesta a hablar. Cultivó también la paciencia para hacer entrevistas in extenso hasta que la fuente se abría para revelarnos a través de David su mundo, sus circunstancias y sus motivos. Todo eso lo hacía controlando sus emociones y sabiendo que el buen periodista no juzga ni deja que su trabajo se contamine por las opiniones propias. Eso también se trabaja. De esa forma David demostró que sí es posible controlar la propia subjetividad si el objetivo es que podamos conocer en toda su complejidad que hay detrás de un jefe militar de las FARC, de un talibán afgano, de un marine estadounidense, de un peshmerga kurdo, de un yihadista en Iraq, de un cazador furtivo en el corazón de África, de un sicario en México o El Salvador, de quien resiste el avance de la deforestación provocada en el Amazonas, de un capo de la 'Ndrangheta italiana o de aquel que  asesina para que se cumpla en lo que a venganzas se refiere lo dispuesto por el kanun o código  de honor de las tribus del norte de Albania.

     David volvía a ser concienzudo en la postproducción. Jamás sucumbió a la tentación del efectismo, que a veces permite terminar antes un trabajo pero al precio de desnaturalizarlo informativamente. Repasaba una y otra vez las entrevistas, las imágenes y el guión antes de cerrar la edición de un reportaje.

     Todo lo anterior también fue posible porque David Beriáin siempre quiso trabajar con independencia profesional. Atender a las necesidades de la industria, sí, pero sin renunciar a su visión del periodismo, esa que exige tiempo, comprobaciones, estudio, dedicación. Eso solo se podía hacer desde la independencia. Por eso a partir de 2005 empezó a pensar y desarrollar sus propias plataformas de difusión de sus trabajos periodísticos.  Creo entonces el blog "En pie de guerra", asociado a la página web del periódico ADN, en lo que fue un experimento de éxito y trampolín para otros proyectos de periodismo independiente. Nació así más tarde su productora 93 metros y llegó la serie Clandestino y los acuerdos con Discovery y otras empresas que aceptaron trabajar de acuerdo a su muy meditada y destilada forma de entender el periodismo. En eso y desde España David fue como Seymour Hersh, aquel periodista estadounidense que renunció a la agencia AP para desde su condición de freelance destapar la matanza de My Lai que sentenció la operación político-militar estadounidense en Vietnam. Hersh siempre supo que eso solo podía hacerlo desde la independencia periodística, aunque no cualquier independencia. Además debía ser sostenible y viable económicamente. David Beriáin lo consiguió en un medio mucho más esquivo. Hizo eso pero también fue capaz de cerrar el círculo al llevar al mundo académico una experiencia profesional que él siempre entendió desde el estudio y la bonhomía. Siempre volvió a la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, donde se había especializado en la cobertura de conflictos armados, para compartir con los alumnos sin reserva alguna su forma única de trabajar y entender el periodismo.  Así hasta que fue asesinado en Burkina Faso junto a Roberto Fraile, también concienzudo reportero. David Beriáin, periodista total, gracias por tanto.

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